Cuando la comitiva se acercaba a Salta, autoridades civiles, militares y eclesiásticas prepararon una improvisada bienvenida.
Después de un solemne Oficio religioso, ubicaron la imagen del Cristo Crucificado en el Altar de las Animas. Corría 1592, por septiembre.
La comitiva continuo su camino a la Ciudad de Córdoba, llevando a la Virgen del Rosario, actual Patrona de esa ciudad, dejándola en el Convento de los Padres Dominicos.
Pasadas las celebraciones, comienza paulatinamente, una triste historia, la del olvido ingrato del Crucificado, dejándolo sin ningún recuerdo especial, en el Altar de las Animas, por un siglo entero.
SEPTIEMBRE DE 1692
Pasaron 100 anos del encuentro original del Señor y su pueblo.
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Como sucede entre los hombres, el entusiasmo se fue enfriando y el Cristo quedo olvidado completamente. Según la tradición, la otra imagen, la de la Pura y Limpia Concepción, ya estaba en Salta y pertenecía a una familia ya asentada en estos solares. Esta familia celebraba la fiesta de la Natividad de la Virgen Maria (8 de septiembre) llevando la imagen a la Iglesia Matriz.
Providencialmente, esta vez la imagen quedo en el Templo unos días mas ¡Así lo quiso el Señor!
Cuando comenzaron los terremotos del 13 de septiembre de 1692, a hs. 10 la ciudad de Esteco, centro geográfico y comercial, rica y apartada de Dios, se hundió, quedando totalmente arruinada.
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